domingo, 8 de marzo de 2015

Pedazos de carne - Caroline March y Cristian Cano

 

Se llevan un libro. Y lo comparo a una divergencia interminable, que fuera una expansión de la alegría. Porque me cuestiono y porque soy yo metido entre otras páginas. Lo que dije se replica y me abandona: me deja. Vive. Me hieren sin decirme en dónde están y en qué manos quedaron esas otras vidas mías que desconozco. ¿A dónde fueron mis otros pedazos? Porque no hay diferencia entre ellos y yo. Y es como ser feliz y no saber. ¿Me leen enojados? ¿Se ríen? ¿O son severos? ¿Saben que al leer dos personas son una? ¿Que no importa ese invento que llaman tiempo? Sí, somos uno. Es como quebrar una privacidad absoluta, y espiar lo más preciado. Cada hoja es el resultado de arrancar la sangre de mis dedos en forma de tinta, de abrir el alma descarnada y dejarla al descubierto, frágil, como una muralla derruida por la que se filtra el devenir del tiempo. Y así, erosionado y sin embargo desafiante, me muestro, resistiendo y luchando. Luchando hasta que no queden hojas por escribir, ni sangre por derramar. Porque las páginas se llevan mi energía. Se alejan de este pedazo humilde de puerto que es un poco mi lugar. Mi hogar está en las cosas que escribo y leo. Entonces, estoy en muchos lugares.

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