martes, 20 de agosto de 2013

En el siglo venidero — Raquel Sequeiro & Cristian Cano


Y la adolescente victoriana dejó ver un trocito de su cuello, el escote que languidecía y suspiraba de amor y congoja y la dejaba embarullada de amor y de celos. Su enamorado estaba en la ventana con la criada. Supuso, viéndolo todo desde el jardín, que esos eran los idilios secretos del marqués, no tan secretos puesto que ella los veía y... El padre interrumpió sus pensamientos. Llegó a caballo, con el perfecto traje de montar de un ilustre mayordomo y la sacó de sus ensoñaciones. El visitante del piso de arriba estaba al salir y ella decidió esperarlo porque el reparo de su padre únicamente confirmó lo que ella tanto deseaba: nunca pensaba en los sinsabores y estaba dispuesta a irse con su fugitivo mental. Mojó su pelo en la fuente. El marqués siempre se imaginó que ella tardaba una eternidad en limpiarla.

viernes, 9 de agosto de 2013

El túnel de Ernesto — Cristian Cano y Ada Inés Lerner

 
Después de mucho pensar me he decidido a saltar dentro del túnel. Cuando descubrí que existía me puse como loco, porque sabía que Ernesto tenía razón: nunca me gustó su primigenia escritura, por eso la desconfianza. Ahora sé que es verdad. Sé que si abro la puerta del ropero ahí va a estar, la boca negra en el departamento desolado, el diente del despecho vuelto hendidura, la ternura trastocada en encono, el afecto en hostilidad.
En ese ambiente pernicioso no hay cabida para un hogar, para el amor fraternal, la amistad, aún la fe en un futuro no tienen cabida. Ernesto representaba todo aquello que yo había rechazado como predestinado. Toda relación con personas y cosas y sacramentos rituales se construye con sentimientos sanos y verdades de a puño. Sin embargo él se empeñaba en destruir todo aquello que su malquerencia le impedía construir.