domingo, 31 de enero de 2016

Alienados

—No me extrañaría si serías otra cosa —dijo Magalí—. Sospecho que te guardás algo tremendo. ¿Qué planeás?
—Nada —dijo Beltrán.
—Entonces, ¿por qué siempre te quedás ahí, recostado, y mirás el cielo?
—¡Todo Bahía Blanca se fija en el cielo, Magalí!
—Algo escondés —se ató el pelo enojada—. No sé qué tenés, pero está ahí. Se siente.
Beltrán observó a su esposa tirar lo que quedaba del vino y entrar a la casa.
Al caer la medianoche Magalí se durmió frente al televisor. Beltrán se sacudió la camisa y se sacó una ramita del pelo: la luna encendida en el patio entero, y más también. Cerró la puerta y le acarició la cara, le abrió el puño y le quitó las abejas muertas que acostumbraba juntar. Después, apagó el televisor.