miércoles, 18 de octubre de 2017

Sosiego / Refugio / Remanso - Laura Velázquez y Cristian Cano



Me duelen todos los huesos. Cada vez que pienso siquiera en sentarme a escribir las piernas me matan. Pero eso ahora no importa. Y es que no sé si quiero dejarme en ese mismo lugar de siempre, porque si nos proponemos ser dueños de todo trato de que la esfera sea perfecta. Es una protección nos sirve y tiene que darse así. Nos aísla. Debo reconocer que en este ensimismamiento los dolores ya no son más dolores y los remordimientos transforman en otra cosa, asi que mutan cuando comienzo a escribir y los vuelco sobre la página y los disfrazo con máscaras que algunas veces son risueñas y otras resultan amargas. Es mi forma para renunciar a ellos y poder seguir. A pesar del dolor inicial, consigo el exorcismo. Y es que me siento como esos muñecos a cuerda que, moviéndose como autómatas, chocan los platillos con esos brazos rígidos. Entonces intento recrear esa esfera que me devuelve a lo que soy.

jueves, 11 de mayo de 2017

El escritor no tiene quien lo escriba – Esteban Moscarda y Cristian Cano



A veces escribo bien. Creo buenas situaciones con personajes sólidos, ambientes atrapantes y una sutil ideología coherente que sostiene los textos. Pero últimamente estoy escribiendo para el mismísimo trasero de un elefante bengalí. Mis personajes quieren matarse de lo malo que es el mundo que los contiene. La ideología se tornó en algo berreta, barato, chato y sin ningún tipo de brillo. Cuando intento mantener la lógica que el propio texto creó, pienso en todo esto y me comparo con obras antiguas. Me pregunto por qué estoy esperando que aparezcan estas ideologías que quieren sostener el pesar y el desamparo límite en los personajes. Y ahora no tengo temor, porque una obra maestra no tiene diferencias con la vida misma. Me pregunto el sentido de la vida. A veces, no tengo a nadie quien me escriba. Y es cuando más seguro me encuentro. Es cuando escribo bien.