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Entradas

Despedida - Mara Remo Remo y Cristian Cano

Busco no perder. Mis brazos, como ramas, buscan no olvidarte. El viento que me arranca tu nombre de la memoria. La simiente del encuentro es piedra de una piedra más antigua, ancestral como tu arrastre. Joven como los sueños que se esfumaron aquel atardecer, esas horas mecánicas que me arrancaron la carne. Ese reloj que aun suena, me condena a dejar pasar los días.

El lucero — Laura Rizzi y Cristian Cano

Lejos diviso tu semblante, renaciente entre tanta oscuridad. Emprendo el viaje hacia el lucero que atrapa mis sentidos, haciéndome cómplice del eterno silencio, donde las palabras emiten sus voces... Llamándote. Más nos exijo, más me apabulla el mundo. Tu brazo rama llega hasta mí cadencia ventosa. Este mundo me atrapa. Sos feliz. Yo ando con el cielo entre los dedos.

La otra vida del amor - Cristian Cano y La Guarida De Mis Fábulas

La otra vida del amor sí, las cosas, amor. Nuestras cosas. Las risas cangrejas que pelean y pierden, para retornar y enfrentarse. Los mechones ébano, las insinuaciones tontas y tu recuerdo, ese que degrada las células y adelanta el reloj. Doblegando la realidad, te peno. Con los últimos abrazos te encallo para robarte, y te vuelvo a recuperar, otra vez, con ansias de vivir. La otra vida del amor sí, las cosas, amor. Ínfimas partículas que se escurren entre los dedos y que al caer y romper, desencadenan un terremoto abismal que deja sordos mis oídos, muda mi voz, seca mi lengua, paralizado mi cuerpo, ciegos mis ojos, temblorosa mi alma, vacío mi corazón y destruido mi universo. Nuestro universo de cosas diminutas más perfectas e irreemplazables. La otra vida del amor sí, las cosas, amor...

El recuerdo como evidencia — Cristian Cano y Laura Rizzi

El trazo me arrebata lo sanguinolento. Me roba lo esencial y permite disfrutar de ese vacío repentino que nos deja un disparo. Vaciarse como un escopetazo. La cadencia irremplazable en la lentitud y la seguridad de una idea; después, la órden se disputa en la mano y los dedos. El trazo. La línea es un poco una asesina piadosa: me envuelve entre sus sombras, me acaricia y la pienso seductora. Prisionero, se aleja. Lo veo. Es un vacío dulce. Lo sé mío, pero inexplicable fuera de mí. Pensamiento liberado que desparrama recuerdos. Tinta caprichosa que, en las horas de soledad, me toma y se lleva la sustancia de mis letras.

Fulgencio abandonado - Marina C. Kohon y Cristian Cano

Se agacha y la panza le cuelga. Las bolsas repletas de latas se le caen. No desperdicia un vaso plástico, no Sr. Sirve para la noche, cuando está más solo. Dice que cada objeto mundano ciñe el sentido, eso o pegarse un tiro. Los ojos pardos, blancos y nevados de frío, de piel dura, de indiferencia, de todo. Levanta el vasito y lo observa. Mira adentro, quiere saber si está lindo para usar. Fulgencio no desea nada de nadie. Es más, da miedo orbitar en su mundo. Se convirtió en un trozo de madera hosco, en un ermitaño del más acá: ese lugar cerquita al que ninguno va. El más acá de Fulgencio, el mal que lo mata. Mundo-Fulgencio. Lo sobrante de la gente. Limpia el vaso de cumpleaños con una telita y regresa a lo suyo. El Emperador y el vasito. Lo complejo desvalorizado. La vida sencilla que destroza todo lo otro. Carne con tierra. Las personas le pasan por un lado como mundos indistintos: inerciales realidades en una Teoría de membranas. Si se miran, el Big Bang. Gente membrana. Pero no ...

Descripción de la muerte — Cristian Cano Y Carina Sedevich

Esperarte. Sentado en el patio, te espero. Sabé que puedo descubrir los cambios que el tiempo disfraza: el terrón arenoso, que degrada. Esperando, inquieto. Sepan que dejo cenizas en el piso. Y la nostalgia que siento no está en el pasado ni en el futuro, como dijo Pessoa. Si venís no habré aprendido nada. Si no venís, tampoco. La vida es demasiado corta para olvidar cualquier cosa.