Pión enciende el televisor y en la pantalla aparece la cara del presidente. Dice algo sobre el futuro del país y el mañana que la gente merece. Pide que no le aflojen, repite la frase como un mantra . ¡El mañana está cerca! ¡Ahí! ¡Ya casi lo podemos tocar! La filas de funcionarios alientan cada palabra, cada remate. El Congreso de pie; la última oración que define al párrafo. Entonces Pión se saca un poco la porlan justo cuando su madre empuja la puerta y entra a la casa, medio que arrastra la bolsa del almacén. ¡Hola, hijo! Traje unas cositas para comer. Y apoya los zapallitos sobre la mesa justo cuando la sonrisa del primer ministro es grosera. Cartier bajo el Armani, 200.000 dólares que la cámara esquiva. Pero ella se arrima al mate y lo peina con la mano, así, con los dedos. Dejá, vieja. Es la cal que se come todo. Es que la ve sentarse y pegar un gritito de dolor. Chajar los cañaverales es duro, dice. La zafra te amansa. Pión le sonríe y la abraza. La mi...