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Solos

Ellos siempre estaban juntos, pegajosamente encastrados ante los ojos de los demás aunque divinamente unidos según ellos mismos. A ella la entendí; no habiendo tenido familia primaria, habiéndose criado en un orfanato hasta los dieciocho años, no me extraña que se aferrara a él de ese modo extremo. Y él; sí, él… no entiendo todavía cómo no se sentía ahogado, en prisión. Él, que había tenido tanto cariño, amor, pasión en su vida entera, ahora parecía un idiota, porque se hallaba obnubilado en esos primeros meses de amor incondicional. Así, como tortolitos inofensivos, existían en una simbiosis fundamental que, de terminarse, podría machacar entre dos rocas al corazón más tierno. Respeto eso que otorga al despojado todo lo que le falta, y ellos lo viven, devorando las horas como una boca inmensa que todo lo engulle. Amor incalculable que, por absoluto, termina siendo peligroso. Porque al final se comparten las soledades y es allí, en el núcleo último de la soledad, que me corresponde intervenir. ¿En qué consiste mi intrusión, preguntarás? Mi misión es poner a prueba la resistencia del vínculo y para hacerlo puedo crear espejismos, fabricar fantasías, inyectar pensamientos insidiosos. En este caso, urdí una infidelidad y esperé la reacción del otro. El agente fue un puñal que tuve la precaución de dejar sobre la mesa. A fin de cuentas, coincidirán conmigo, el pegamento no era tan efectivo como los espectadores habían imaginado.

Autores:
Raquel Barbieri
Cristian Cano
Sergil Gaut Vel Hartman

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