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Visita de libro — Cristian Cano y Raquel Sequeiro

Salió desde debajo de la cama. Primero, una mano verde y delgada: Me quedé. Apenas podía respirar. Después: el cuello. Flaco y tembloroso <<Sospechaba. No tendría que haber abierto aquel libro>>. Giró la cabeza en diminutos recorridos, como lo haría un juguete, y me clavó la mirada, despojada de sentimientos. La opaca abertura de su boca comenzó a incrementarse junto a mis temores... Pretendía comerme, asfixiarme o torturarme, de eso estoy seguro. El libro estaba en la mesilla cerrado con llave, tres candados y sujeto por un íncubo portavelas. La danzante llama me alteraba un poco la vista. Pediría amablemente una hoja de reclamaciones: <<No me gusta el color verde, ni su forma de masticarme y luego escupirme>>. Y todo esto porque había rebasado la fecha de caducidad y los personajes se salían por los cantos. Me eché a dormir un poco deshecho y me tapé los pies fríos.

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