La lápida es dura; da gusto sentarse a fumar un pucho después de un largo sueño. Entonces tiraba el humo por la nariz; ahora el ramillete de humaredas se me escapa desde las cuencas oculares. Pero nunca perdí la costumbre, si la hubiera perdido no estaría acá sentado. El Sol está por salir, así que después de fumar voy a regresar al cajón. Ser visto sería inconveniente. Hueso de cañón ¡Mirá que me hago reír! Hueso de cañón ¡Con ser carne me ha bastado! Y agradezco cuando el Sol me sorprende; me siento como esos locos por haber vivido como viví. Ruidoso amor casi una explosión que despierta que insiste que asusta De lo hermoso te asusta. La vida es un cadáver exquisito: la costumbre de nacer y morirse de pura nada, de puro vicio. La sustancial habitualidad que existe en vivir. La ceniza que arde un destello detenido. El despertar al morirse. La lápida: el descanso eterno. Mi cadera desnuda que rasca, que se estrella en ...