viernes, 3 de octubre de 2014

El dragón que buscaba un amor

El dragón aterrizó y el suelo tembló, y enterró las garras en el barro y batió esas alas inmensas: porque el barro es lo que menos le importa a una bestia. Después de rebuznar, bajó las fauces hasta el lodo y observó la aldea. Las ventanas cerraban. Buscaba algo. Arrancó los techos de las casas, y mis amigos corrieron como espantados por la muerte: víctimas de una muerte previa, que dibuja en los ojos. Avancé entre los árboles sin dejar de mirarlo, preguntándome por qué no me atacaba. Hasta que llegó a mi cabaña. Ahí supe de una alienación en su mirada. La mirada que ronda en la soledad de los hombres.

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